Cómo ser la mejor versión de uno mismo

Cómo ser la mejor versión de uno mismo

 

Cada vez más son las consultas de padres, preocupados por sus hijos, que acuden a un especialista intentando hallar el motivo por el cual su hijo muestra algunas dificultades, no sólo a nivel escolar, sinó también a nivel conductual.

 

Algunas de éstas preocupaciones tienden a confundirse con problemas específicos del aprendizaje o del neurodesarrollo del niño, pero a menudo y con una tendencia al alza, encontramos niños que sufren de ansiedad (siendo muy pequeños) y con una baja autoestima y confianza en sí mismos.

Solemos atender niños con preocupaciones que son significativas en su malestar general y que por lo tanto, están bloqueando otras áreas importantes en su desarrollo general no sólo escolar, sinó emocional y social.

Por ello, es muy importante hacer un buen diagnóstico de su situación y estado general, prevaliendo toda aquella sintomatología de raíz, que es la que puede estar generando falta de atención o motivación, así como problemas en la relación con sus iguales. Debemos ayudarles a sentirse bien consigo mismos y recordarles que pueden ser la mejor versión de cada uno de ellos.

Es bien conocida la creencia de que todos los seres humanos somos duales y como tal, podemos mostrar lo mejor de nosotros mismos, o de lo contrario, lo peor. Pero, ¿como ayudamos a los más pequeños a desarrollar esa capacidad de autoconocimiento y autocontrol?

Lo mejor de nosotros mismos es todo aquello que nosotros pensamos que podemos llegar a ser, creer o hacer y para ello, es necesario pensar en positivo y favorecer que ello ocurra. En cambio, si nuestro entorno es inseguro, tenso, hostil, ansioso y nos rodeamos de personas que no creen en nosotros, favoreceremos el no avanzar y el sentirnos que todo nos sale mal.

 

Por este motivo y ante cualquier prioridad escolar, deberíamos otorgarles seguridad en ellos mismos, darles autonomia, capacidad de decisión, enfundar esperanza hacia el futuro y las cosas que les ocurren, así como mostrarnos optimistas y motivados ante la vida. La forma en que se comportan, muchas veces, es el reflejo de como los mayores viven y ven la vida.

 

Por todo esto, sería bueno:

  1. Hablar de lo emocional, más allá de sus rutinas diarias (cómo se sienten, que necesitan, que valores tienen, cómo son sus amigos…).
  2. Favorecer una comunicación esperanzadora y reflexiva en el entorno familar. Dar tiempo en calidad, no tanto en cantidad.
  3. Creer en ellos y en sus potencialidades. De ahí van a crear su autoimagen y autoconcepto. Evitaremos las etiquetas negativas.
  4. Apreciar más que despreciar. Poner nuestra atención en aquello que hacen bien y no en aquello que hacen mal.
  5. Estimular el refuerzo positivo, para seguir generando más conductas positivas.