Las crisis familiares como oportunidades de mejora

Las crisis familiares como oportunidades de mejora

 

La educación de los hijos es cíclica y como tal, exige una constante adaptación  a sus necesidades y demandas.

Muchos padres se ven y sienten desbordados al ver que sus hijos están en constante cambio y que ese cambio no es adaptativo a sus rutinas diarias.

El día a día hace que no se pueda dedicar a los hijos todo el tiempo que necesitarían para recibir, ya no sólo una buena educación, sino una mínima atención en sus quehaceres diarios.

Pero, ¿cómo podemos educar y ayudar a nuestros hijos, si nuestro trabajo no nos permite dedicarles tiempo?

Este sentimiento, tan común y vivenciado entre los padres, genera mucha ansiedad, frustración e impotencia. Llegar a casa y tratar de establecer una rutina “diaria” nos va a permitir funcionar bien cómo adultos, pero como niños es necesario establecer una rutina, como mínimo, “semanal”. Esto no es nada fácil, pero es posible.

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Las pequeñas crisis familiares o “crisis de funcionamiento familiar” tienen una función y no otra que la de alertarnos frente a algo que no está funcionando como debería y necesita ser revisado. Por lo tanto, ocurren y aparecen para informarnos de algo y transformar aquello que no nos gusta. Se necesita tiempo, paciencia, decisión y constancia pero… si somos capaces de generar todos esos valores en nuestro trabajo, ¿por qué no extrapolarlos a lo personal? Las relaciones no son fáciles, pero para que funcionen exigen un cuidado. Es importante planificar, organizar, jerarquizar y dedicar tiempo a nuestro sistema familiar, por ello es necesario “anticipar”. Si sabemos que va a ser una semana difícil y no podremos estar mucho con ellos, podemos anticiparles “cómo será esa semana” y qué pueden hacer cuando se encuentren en una situación u otra. Es importante transmitir bien la información de antemano y dejarles muy claro qué esperamos de ellos y qué queremos que hagan cuando están en casa.

Si nos anticipamos, evitaremos momentos de discusión y caos, porque les habremos alertado con tiempo. Ellos podrán generar más autocontrol en sí mismos y sus funciones quedarán más delimitadas, será más difícil el que se puedan sentir desbordados.

Crear espacios de diálogo en los que mencionar como queremos “funcionar todos” y qué esperamos de ellos para poder ser recompensados todos. Esto exige disciplina, sí, pero igual que tenemos reuniones en el trabajo porque son necesarias para continuar y que todo quede claro en nuestro “rol”, es necesario tener “reuniones familiares”. Y no sólo cuando ha ocurrido un problema, sino antes de que eso ocurra. El fin de semana puede ser un buen momento.

 

 

 

 

ESCRIT PER: ALBA PEÑA MORILLAS

TERAPEUTA: PSICÒLOGA