Malos hábitos bucales

Malos hábitos bucales

Conocemos la respiración nasal, la masticación, el habla y la deglución como hábitos funcionales en los seres humanos. Pero, también existen hábitos que no son funcionales, como los hábitos bucales incorrectos ¿Qué sabemos acerca de ellos?

Los hábitos incorrectos suelen aparecer de manera prolongada en el tiempo, provocando interferencias en el desarrollo del niño y alterando la fisiología normal de su organismo. Pueden producir una alteración en el desarrollo de las estructuras faciales, en las arcadas dentarias y en la oclusión mandibular.

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Los más habituales son:

  • Succionar el pulgar y/o el chupete: Se recomienda que la succión del chupete no sobrepase los 18/24 meses de edad. A partir de los tres años, estos hábitos pueden producir desviaciones en el crecimiento normal de los dientes y en la forma de la mandíbula. Además, los músculos alrededor de la boca pierden fuerza, favoreciendo la boca abierta en reposo.
  • Mantener la boca abierta en reposo y respirar por ésta: Normalmente, cuando la boca está cerrada, la lengua se posiciona contra los alveolos, pero hay veces que cuando la boca está abierta por flacidez en los músculos, la lengua se coloca en la parte de debajo de la mandíbula. Este hecho puede estimular la respiración oral. Además, muchos niños muestran a menudo obstrucciones nasales, las cuales también pueden ocasionar una respiración oral, aunque la obstrucción nasal sea algo temporal el mal hábito se puede mantener.
  • Tener una posición incorrecta de la lengua en reposo: La punta de la lengua tiene que estar en la parte superior del paladar contra las arrugas palatinas. Hablamos de mal hábito cuando está posicionada en el medio o debajo de la cavidad bucal.
  • Malos hábitos labiales: Se trata de niños que succionan el labio y pasan la lengua por estos continuamente. Son frecuentes en personas que respiran por la boca.
  • Malos hábitos al masticar: La masticación debe ser bilateral, masticar por ambos lados simultáneamente. Si es unilateral puede contribuir a un desequilibrio de los músculos alrededor de la boca.
  • Morderse las uñas: Al morder las uñas, la mandíbula se desliza hacia delante y se provoca demasiada tensión en ésta.

Todo niño mayor de tres años que persiste con un hábito lesivo, debe visitar un odontólogo/odontopediatra/logopeda que informe a la familia sobre las consecuencias del hábito lo antes posible y pueda realizar un diagnóstico precoz sobre la alteración, permitiendo una dentadura sana, armónica, alineada y bonita.