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La sobreprotección

La sobreprotección

 

La combinación entre querer ser el mejor padre o madre, junto con la necesidad de tener el mejor hijo u hija y querer evitar que los niños o adolescentes sufran por situaciones del entorno genera, en muchas ocasiones, relaciones disfuncionales e insanas.

La sobreprotección es una arma de doble filo. Creer que es posible controlar todo aquello cuanto ocurra alrededor de los hijos y además, pretender que eso, como padres o cuidadores, no nos afecte, es creer que el día es posible sin la noche.

Los niños sobreprotegidos suelen mostrar más dificultades emocionales, presentan más carencias afectivas y mucha ansiedad, pues su identidad ha sido formada por la opinión que los padres tienen de ellos y ésta, muchas veces, sólo nace del resultado final entre logros o fracasos que el niño ha experimentado. Se suele pensar que cuanto más estén en casa, más aprenderán y menos sufrirán… y justamente, acaba siendo todo lo contrario.

Tratar de evitar que las “cosas malas” les ocurran a ellos, así como obligarles a sentirse siempre bien y hacerlo todo bien, sólo hará que entiendan que no hay espacio para las dificultades, sabiendo que si no las superan rápidamente, se les juzgará por no haberlo afrontado como se esperaba. Comentarios como los “te avisé”, “te lo dije”, “tendrías que haberme hecho caso”, “te das cuenta que no haces las cosas bien”, “tienes que hacerlo como yo te digo”, “ tienes…tienes…tienes…” En lugar de “deberías”, que siempre sugiere más que obliga… Todo esto, va a generar una falta de autoestima y seguridad en si mismos.

Es bueno potenciar su autonomía, enseñarles el camino a seguir, pero no trazarles un recorrido poco flexible y en el que se anticipan muchos miedos y dificultades.

Infundir esperanza y decisión es importante. Que aprendan a caminar, sintiéndose con libertad para experimentar y descubrir. Si se caen, enseñarles a como cuidar de sus heridas y cómo reponerlas, dándoles estrategias para afrontar las dificultades que van encontrando no sólo a nivel escolar, sino también social y emocional, aprendiendo a gestionar sus emociones y no a taparlas. Si un amigo les ha herido emocionalmente y potenciamos el aislamiento social, no le ayudaremos a trabajar ese duelo.

Siempre va a ser más flexible y funcional el “cómo crees que debería ser o hacerse esto”,  “explícame por qué has hecho esto así, que te enseña”, “de que forma podrías hacer esto la próxima vez”, “entiendo como te sientes…”, “si puedo ayudarte en algo”, entre otros… Van a crear una mayor comunicación y una mejor vinculación entre padres e hijos. Se sentirán más seguros, protegidos y acompañados, pero no atados por pensamientos invalidantes.

Los amigos imaginarios de nuestros hijos

Los amigos imaginarios de nuestros hijos

 

Puede ocurrir durante la primera infancia que nuestros hijos compartan sus juegos y conversaciones diarias con personajes que salen directamente de su imaginación. Pueden ser amigos, mascotas e incluso superhéroes imaginarios con los que muchos niños juegan y conversan durante el día. Muchas veces a los adultos esto nos toma desprevenidos pues aparecen casi imperceptiblemente y no sabemos muy bien cómo reaccionar frente a ello.

 

¿Qué podemos hacer los padres frente a esto? Lo primero es no alarmarse, pues es perfectamente normal que esto ocurra sobre todo durante los 2 a 3 años de edad y en los primeros años de escuela incluso hasta los 6 a 7 años. Tener un amigo imaginario en la mayoría de los casos lo que permite es que desarrollen más libremente su creatividad -sobre todo si el niño es más bien tímido- y expresen abiertamente miedos, temores, inquietudes, ideas y pensamientos personales. Les da un espacio para que puedan expresarlos e incluso resolverlos en un lugar imaginado donde todo está permitido.

Darles a los niños ese espacio de fantasía promueve en diversos niveles la oportunidad de que aprendan a regular sanamente sus emociones, tanto las de frustración y ansiedad como las de alegría y triunfo, permitiendo que su autoimagen y autoestima positiva se fortalezcan pues comienzan a creer más en sí mismos cuando tienen este “amigo” que les da confianza de forma constante.

Es importante como padres estar presentes en este proceso, pero adoptando un rol más bien de personaje secundario, observarlos sin alentar ni restringir, permitiendo que sea el niño el que marque el ritmo; sin interferir demasiado en su juego y esperar activamente a que vuestro hijo les hable espontáneamente de su “nuevo amigo”. Esto les permite a los niños practicar sus estrategias sociales, potenciando su empatía y confiando en sus propias percepciones y capacidades. Y a su vez, les permite a los padres observar de cerca a sus hijos pudiendo detectar si existen temores o necesidades importantes que están surgiendo, si se retrae o aísla más que antes por ejemplo, y valorar posteriormente si es necesario acudir a un especialista.

Los amigos imaginarios suelen ir desapareciendo con el tiempo, tan sutilmente como llegaron. Suele coincidir con el surgimiento de nuevas amistades en el colegio, donde ya en un espacio real pueden desplegar todas estas habilidades sociales y adaptativas que han ido desarrollando y practicando previamente con su amigo mágico.

Cómo ser la mejor versión de uno mismo

Cómo ser la mejor versión de uno mismo

 

Cada vez más son las consultas de padres, preocupados por sus hijos, que acuden a un especialista intentando hallar el motivo por el cual su hijo muestra algunas dificultades, no sólo a nivel escolar, sinó también a nivel conductual.

 

Algunas de éstas preocupaciones tienden a confundirse con problemas específicos del aprendizaje o del neurodesarrollo del niño, pero a menudo y con una tendencia al alza, encontramos niños que sufren de ansiedad (siendo muy pequeños) y con una baja autoestima y confianza en sí mismos.

Solemos atender niños con preocupaciones que son significativas en su malestar general y que por lo tanto, están bloqueando otras áreas importantes en su desarrollo general no sólo escolar, sinó emocional y social.

Por ello, es muy importante hacer un buen diagnóstico de su situación y estado general, prevaliendo toda aquella sintomatología de raíz, que es la que puede estar generando falta de atención o motivación, así como problemas en la relación con sus iguales. Debemos ayudarles a sentirse bien consigo mismos y recordarles que pueden ser la mejor versión de cada uno de ellos.

Es bien conocida la creencia de que todos los seres humanos somos duales y como tal, podemos mostrar lo mejor de nosotros mismos, o de lo contrario, lo peor. Pero, ¿como ayudamos a los más pequeños a desarrollar esa capacidad de autoconocimiento y autocontrol?

Lo mejor de nosotros mismos es todo aquello que nosotros pensamos que podemos llegar a ser, creer o hacer y para ello, es necesario pensar en positivo y favorecer que ello ocurra. En cambio, si nuestro entorno es inseguro, tenso, hostil, ansioso y nos rodeamos de personas que no creen en nosotros, favoreceremos el no avanzar y el sentirnos que todo nos sale mal.

 

Por este motivo y ante cualquier prioridad escolar, deberíamos otorgarles seguridad en ellos mismos, darles autonomia, capacidad de decisión, enfundar esperanza hacia el futuro y las cosas que les ocurren, así como mostrarnos optimistas y motivados ante la vida. La forma en que se comportan, muchas veces, es el reflejo de como los mayores viven y ven la vida.

 

Por todo esto, sería bueno:

  1. Hablar de lo emocional, más allá de sus rutinas diarias (cómo se sienten, que necesitan, que valores tienen, cómo son sus amigos…).
  2. Favorecer una comunicación esperanzadora y reflexiva en el entorno familar. Dar tiempo en calidad, no tanto en cantidad.
  3. Creer en ellos y en sus potencialidades. De ahí van a crear su autoimagen y autoconcepto. Evitaremos las etiquetas negativas.
  4. Apreciar más que despreciar. Poner nuestra atención en aquello que hacen bien y no en aquello que hacen mal.
  5. Estimular el refuerzo positivo, para seguir generando más conductas positivas.
sentido del tacto

¿Qué es la defensividad táctil?

¿Qué es la defensividad táctil?

El sentido del tacto es uno de los sentidos más importantes, comienza a desarrollarse durante el embarazo y se activa antes que el bebé nace. Durante los primeros meses de vida el tacto es la primera forma de comunicación entre la madre y el niño, además de ser una forma de exploración y aprendizaje.

Otro aspecto importante de este sentido es su función protectora. Esta nos avisa si algo es caliente, frío, punzante o si puede ser un peligro para nosotros. Cuando esta función no está regulada, la persona reacciona de manera exagerada ante sensaciones cotidianas, resultando muy molestas e incluso dolorosas. Desde la teoría de la integración sensorial se denomina este concepto como Defensividad Táctil.

sentido del tacto

Woman’s hand touching wheat in field

Nuestro sentido del tacto está íntimamente ligado a nuestras emociones y por ello, una sensación de malestar frecuente percibida por el sentido del tacto, puede hacer que una persona presente fuertes reacciones emocionales. Los niños que tienen esta hipersensibilidad, a menudo son descritos como irritables, introvertidos, llorones y enfadados.

También está relacionado con procesos como la atención y la concentración escolar, resulta difícil escuchar a la profesora si el niño está pensando en cómo siente el contacto de toda la ropa con su piel.

Características de los niños con defensividad táctil:

– Evita que le toquen la cara y el cuerpo, aunque sea como una muestra de cariño o amistad (prefiere tocar a ser tocado).
– Le molesta lavarse los dientes.
– Le molesta mucho que le laven y le corten el pelo.
– Le irritan las etiquetas y algunas texturas de ropa. Siempre quiere ir vestido igual.
– No le gusta jugar con plastilina, masa o pintura de dedos.
– Le irrita que le corten las uñas.
– Evita pisar la hierba, la arena de la playa o alfombras rugosas.
– No le gustan algunos alimentos por su textura.
– Tuvo dificultad cuando era bebé en paso de alimentación líquida a solida.
– Resistencia a comer con las manos o a mancharse la piel durante la alimentación.

Si presenta dos o más características mencionadas sería recomendable realizar una exploración de como el niño está percibiendo los estímulos táctiles.

Desde la terapia de Integración Sensorial se puede reducir la defensividad táctil, normalizar la manera en que el sistema nervioso registra e interpreta la información táctil y desarrollar estrategias eficaces para entender, hacer frente y vivir con una sensibilidad más adaptada.

La importancia del Juego Social

La importancia del Juego Social

Observa, espera y escucha

Darnos un tiempo para jugar con nuestros hijos puede ser cada vez más difícil debido al sinfín de actividades diarias que hemos de realizar durante la semana. Aun así es importante que intentemos darnos el espacio, pues es a través del juego donde desarrollamos pequeñas conversaciones con ellos y donde les enseñamos -casi sin darnos cuenta- intercambios sociales sanos que les ayudarán a establecer en el futuro relaciones más sólidas con sus pares y el mundo que les rodea.

jugando con el niño

Los juegos sociales como el pilla-pilla, las cosquillas, etc., tienen el poder de lograr que tus hijos centren su atención en ti y en lo que estás haciendo, permitiendo con ello que aprendan a anticipar, a seguir y respetar turnos, a decidir si quieren continuar con una actividad o cambiarla, a detectar cuando están cansados y qué estado de ánimo poseen, y a comunicarse con otros.

Para desarrollar un juego social, debemos poner nuestra atención en tres cosas:

  • Observar: Si te das el tiempo de observar a tu hijo mientras juega, podrás aprender más acerca de lo que le gusta y de cómo se comunica, incorporando estos elementos al juego que realizas con él porque al tomar en cuenta sus preferencias logras que el juego sea más atractivo, más enriquecedor y por supuesto más divertido. Observando con calma a tus hijos, descubrirás que interactúan de muchas más formas de las que creías en un principio.
  • Esperar: Durante un juego social, esperar significa estar cerca de tu hijo, mirarlo expectante y sin hablar cuando es su turno de hacer algo en el juego. Esta simple acción tiene un efecto poderoso en tus hijos pues les estás enviando el mensaje de que estás respetando su turno y les das el tiempo que necesiten para actuar, potenciando muy sutilmente la confianza en ellos mismos. Esta pequeña espera también te da el tiempo de poder observar cómo tus hijos intentan interactuar contigo, qué recursos poseen para comunicarse; y reflexionar entonces, de qué manera puedes ayudarlos a potenciar esos recursos que sin esta espera no hubieses podido percibirlos.
  • Escuchar: Cuando tus juegos incluyen sonidos, palabras u oraciones, escucha cuidadosamente lo que tu hijo expresa y cómo lo expresa cuando es su turno. Escuchar sin interrumpirlos permite que ellos perciban de forma activa que respetas sus opiniones y sus comentarios y que por lo tanto, es importante escuchar las opiniones de los demás aun cuando no estés completamente de acuerdo con ellas.

Observar, Esperar y Escuchar a tus hijos en el juego, te permite incluso oír las opiniones que a veces son expresadas en susurros o tímidamente, enriqueciendo la relación que estableces con ellos.

comida como medicina

Comida como medicina

Comida como medicina

 

Con el año nuevo en mayoría de las listas de los propósitos que queremos alcanzar aparece la frase “alimentarse mejor”.

Una alimentación sana es mucho más importante de lo que pensamos, como Hipócrates dijo “que tu alimentación sea tu medicina”.

 

Creemos que la alimentación es una forma natural de cambiar la bioquímica del cerebro y del cuerpo, siendo capaz de autorregularse mejor, creando nuevas conexiones neuronales que permiten a la persona mejorar su calidad de vida.

 

Nuestro cuerpo crea algunos neurotransmisores (catalizadores de información de un nervio a otro) a partir de los alimentos que ingerimos, y que funcionan como ladrillos que se van uniendo para realizar un sinfín de tareas. Éstos “ladrillos” dependen en gran medida de la alimentación que le otorgamos; así, si nuestra alimentación no nutre al cuerpo lo suficiente, no podrá crear los neurotransmisores necesarios.

comida como medicina

Numerosos estudios avalan la relación entre las deficiencias nutricionales, en ocasiones junto con diversos factores (emocionales y ambientales) como detonantes de enfermedades. Es conocida la relación de una mala alimentación con enfermedades como la obesidad y la diabetes. Pero, ¿sabías que la alimentación también puede influir en los problemas de voz, el Parkinson y/o la fibromialgia?

 

Sí la alimentación influye en diferentes aspectos de nuestro cuerpo detonando una cadena de procesos químicos importantes para diferentes procesos en nuestro cuerpo. Procesos que influyen en el balance de los intestinos, nuestro comportamiento, nuestro ritmo de sueño, aspectos como la irritabilidad o la capacidad para autorregularse.  También influye en los procesos necesarios para la construcción de neurotransmisores, que a su vez, interfieren en nuestro estado emocional, la inteligencia y hasta la comunicación. Cambiando la alimentación se puede reestablecer el balance del intestino, evitando así canceres, inflamaciones y perdidas de nutrientes.

 

En los niños con trastornos de conducta y dificultades de  aprendizaje o emocionales, es importante considerar el papel de la alimentación tanto en el aumento de su capacidad de concentración como en la reducción de la ansiedad que les permiten responder a las demandas del entorno de forma más eficaz. Hay familias que han logrado mejorar los síntomas en sus hijos con trastornos como el TDAH y el TEA modificando su dieta, en algunos casos añadiendo además suplementos naturales.

Es importante realizar previamente una prueba del estado nutritivo de nuestro organismo, para poder adaptar nuestra dieta para suplir las posibles carencias que tenemos.

usar el chupete

Usar el chupete

Usar el chupete

La mayoría de padres consideran usar el chupete como un instrumento imprescindible y lo introducen en la vida cotidiana de sus hijos durante los primeros años de vida. La succión al usar el chupete hasta los 18/24 meses es considerada normal puesto que se asocia a la necesidad de satisfacción afectiva y seguridad y les permite poner en marcha el sistema alimentario.

Aún así, la necesidad de succionar es diferente en cada niño y generalmente disminuye con la edad.

Utilizar el chupete en los niños más pequeños es una técnica que a menudo les calma, les induce tranquilidad y les ayuda a regular el horario de alimentación y de sueño. Además, ayuda a prevenir la succión digital, estimula el reflejo de succión en niños que han sido prematuros y provoca una menor incidencia de muerte súbdita en niños durante el primer año de vida.

Sin embargo, la succión está programada para ser ejercida sólo durante un periodo de tiempo determinado. Por este motivo, es necesario eliminar la succión de chupete a medida que aparecen los dientes y el niño adquiere un patrón de alimentación masticador.

usar el chupete

Si usar el chupete es frecuente, intensivo y prolongado en el tiempo después de los 24 meses de edad puede convertirse en un hábito lesivo, modificando el posicionamiento dental de los niños, alterando la forma ósea y la relación de los maxilares y interfiriendo en el crecimiento y la función de la musculatura orofacial. Los músculos de alrededor de la boca pierden fuerza, esto ocasiona mantener la boca abierta siempre y tragar con la lengua hacia fuera, contra los dientes, provocando alteraciones como pueden ser una deglución incorrecta y una mala articulación de los sonidos del habla.

Los hábitos lesivos más comunes son: La succión prolongada del chupete o biberón, la succión de la lengua, los labios o de las mejillas, la succión digital (del dedo pulgar), morderse las uñas y respirar por la boca.

No se pueden eliminar los malos hábitos de un día a otro, es un proceso muy lento. Se aconseja disminuir las horas o los momentos en los que el bebé suele utilizarlo (trayectos en el coche, mientras ve la televisión …) o ofrecerles opciones que les resulten más atractivas y sustitutorias de los malos hábitos, como leer un cuento antes de dormir.

Todo niño mayor de tres años que persista con un hábito lesivo debe visitar un odontopediatra que informe a la familia sobre las consecuencias del hábito y sobre los posibles tratamientos a seguir para prevenir posibles complicaciones al usar el chupete.

¿Las velas nos protegen?

¿Las velas nos protegen?

Preguntó un niño a su papa por no entender que cuando ocurre algo malo en el mundo, se encienden muchas velas y se guarda silencio.

Después de los acontecimientos ocurridos recientemente entorno los atentados terroristas, no podemos negar que se ha encendido en nosotros cierta preocupación ante ello.

Existe en nuestro cuerpo un sistema de alarma y protección que es el que nos alerta de posibles amenazas y que nos prepara para luchar contra aquello. Son “reacciones” determinadas que se expresan en forma de emoción, una de ellas el miedo.

Con todo esto se hace inevitable no pensar en ello y es más, nos preocupa la forma en que las familias se ven desbordadas por toda esta situación actual.

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Pues bien, el miedo no entiende de edades. El miedo es una emoción básica y por ello, nadie puede evitar sentir miedo en determinadas ocasiones. Sin embargo, si podemos elegir qué mecanismos de afrontamiento generamos para sentirnos mejor y más protegidos.

El miedo no tiene límites, el miedo es instintivo y cómo tal, es necesario y nos protege de posibles amenazas, sean reales o imaginarias. Ejerce, principalmente, una función adaptativa, pues se activa en cuanto percibimos un peligro, pero si no estuviera bien gestionado podríamos llegar a sentir terror y desarrollar algunas fobias específicas.

Los tres tipos de respuesta frente al miedo son: la huida, el afrontamiento y la paralización.

Una forma de afrontar el miedo es generar pequeños rituales para tratar de dar significado a lo que está ocurriendo o ha ocurrido y no nos gusta ni hace sentir bien. Nos permite parar, pensar y controlar, en cierta medida, cómo decidimos sentirnos ante esa situación temida o desagradable. Decidimos hacer algo al respecto.

El encender velas cuando alguien ha fallecido es un ritual, como muchos otros, que brinda la oportunidad de generar un momento de pausa en el que poder enviar buenos pensamientos a todos aquellos que lo necesitan. Los rituales suelen reflejar nuestros valores y nos permiten conectar mentalmente con nuestro “yo” más interno y emocional, y por lo tanto, abrir un camino hacia la comprensión y aceptación de ese momento.

Debemos poder generar rituales, seamos adultos o niños, para sentirnos más fuertes y unidos. Nos permiten protegernos de lo desconocido y de la ansiedad que eso nos produce.

Rituales nos permiten tolerar mejor ciertas emociones como el miedo, el terror o porque no, la tristeza.

Pues, sí: las las velas nos protegen!