Malos hábitos bucales

Malos hábitos bucales

Conocemos la respiración nasal, la masticación, el habla y la deglución como hábitos funcionales en los seres humanos. Pero, también existen hábitos que no son funcionales, como los hábitos bucales incorrectos ¿Qué sabemos acerca de ellos?

Los hábitos incorrectos suelen aparecer de manera prolongada en el tiempo, provocando interferencias en el desarrollo del niño y alterando la fisiología normal de su organismo. Pueden producir una alteración en el desarrollo de las estructuras faciales, en las arcadas dentarias y en la oclusión mandibular.

malos hábitos bucales

 

Los más habituales son:

  • Succionar el pulgar y/o el chupete: Se recomienda que la succión del chupete no sobrepase los 18/24 meses de edad. A partir de los tres años, estos hábitos pueden producir desviaciones en el crecimiento normal de los dientes y en la forma de la mandíbula. Además, los músculos alrededor de la boca pierden fuerza, favoreciendo la boca abierta en reposo.
  • Mantener la boca abierta en reposo y respirar por ésta: Normalmente, cuando la boca está cerrada, la lengua se posiciona contra los alveolos, pero hay veces que cuando la boca está abierta por flacidez en los músculos, la lengua se coloca en la parte de debajo de la mandíbula. Este hecho puede estimular la respiración oral. Además, muchos niños muestran a menudo obstrucciones nasales, las cuales también pueden ocasionar una respiración oral, aunque la obstrucción nasal sea algo temporal el mal hábito se puede mantener.
  • Tener una posición incorrecta de la lengua en reposo: La punta de la lengua tiene que estar en la parte superior del paladar contra las arrugas palatinas. Hablamos de mal hábito cuando está posicionada en el medio o debajo de la cavidad bucal.
  • Malos hábitos labiales: Se trata de niños que succionan el labio y pasan la lengua por estos continuamente. Son frecuentes en personas que respiran por la boca.
  • Malos hábitos al masticar: La masticación debe ser bilateral, masticar por ambos lados simultáneamente. Si es unilateral puede contribuir a un desequilibrio de los músculos alrededor de la boca.
  • Morderse las uñas: Al morder las uñas, la mandíbula se desliza hacia delante y se provoca demasiada tensión en ésta.

Todo niño mayor de tres años que persiste con un hábito lesivo, debe visitar un odontólogo/odontopediatra/logopeda que informe a la familia sobre las consecuencias del hábito lo antes posible y pueda realizar un diagnóstico precoz sobre la alteración, permitiendo una dentadura sana, armónica, alineada y bonita.

Las crisis familiares como oportunidades de mejora

Las crisis familiares como oportunidades de mejora

 

La educación de los hijos es cíclica y como tal, exige una constante adaptación  a sus necesidades y demandas.

Muchos padres se ven y sienten desbordados al ver que sus hijos están en constante cambio y que ese cambio no es adaptativo a sus rutinas diarias.

El día a día hace que no se pueda dedicar a los hijos todo el tiempo que necesitarían para recibir, ya no sólo una buena educación, sino una mínima atención en sus quehaceres diarios.

Pero, ¿cómo podemos educar y ayudar a nuestros hijos, si nuestro trabajo no nos permite dedicarles tiempo?

Este sentimiento, tan común y vivenciado entre los padres, genera mucha ansiedad, frustración e impotencia. Llegar a casa y tratar de establecer una rutina “diaria” nos va a permitir funcionar bien cómo adultos, pero como niños es necesario establecer una rutina, como mínimo, “semanal”. Esto no es nada fácil, pero es posible.

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Las pequeñas crisis familiares o “crisis de funcionamiento familiar” tienen una función y no otra que la de alertarnos frente a algo que no está funcionando como debería y necesita ser revisado. Por lo tanto, ocurren y aparecen para informarnos de algo y transformar aquello que no nos gusta. Se necesita tiempo, paciencia, decisión y constancia pero… si somos capaces de generar todos esos valores en nuestro trabajo, ¿por qué no extrapolarlos a lo personal? Las relaciones no son fáciles, pero para que funcionen exigen un cuidado. Es importante planificar, organizar, jerarquizar y dedicar tiempo a nuestro sistema familiar, por ello es necesario “anticipar”. Si sabemos que va a ser una semana difícil y no podremos estar mucho con ellos, podemos anticiparles “cómo será esa semana” y qué pueden hacer cuando se encuentren en una situación u otra. Es importante transmitir bien la información de antemano y dejarles muy claro qué esperamos de ellos y qué queremos que hagan cuando están en casa.

Si nos anticipamos, evitaremos momentos de discusión y caos, porque les habremos alertado con tiempo. Ellos podrán generar más autocontrol en sí mismos y sus funciones quedarán más delimitadas, será más difícil el que se puedan sentir desbordados.

Crear espacios de diálogo en los que mencionar como queremos “funcionar todos” y qué esperamos de ellos para poder ser recompensados todos. Esto exige disciplina, sí, pero igual que tenemos reuniones en el trabajo porque son necesarias para continuar y que todo quede claro en nuestro “rol”, es necesario tener “reuniones familiares”. Y no sólo cuando ha ocurrido un problema, sino antes de que eso ocurra. El fin de semana puede ser un buen momento.

 

 

 

 

ESCRIT PER: ALBA PEÑA MORILLAS

TERAPEUTA: PSICÒLOGA

El impulso de robar en los niños

El impulso de robar en los niños

A veces puede ocurrir que los niños en edad pre-escolar comienzan a traer a casa pequeñas cosas que no les pertenecen sino que son de sus compañeros o amigos y no le damos mayor importancia cuando es algo que pasa una vez porque puede ser por despiste o por cualquier otra razón. Pero cuando comienza a ocurrir más frecuentemente nuestra preocupación aumenta pues no sabemos muy bien a qué pueda deberse esta conducta.

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Lo importante es no pasarlo por alto y abordar la situación directamente, remarcando lo negativo de la acción de robar en si misma más que en el niño, hablando sobre lo que ha ocurrido y dándole espacio suficiente para que intente explicar por qué cree él que lo hace y de qué manera puede corregir o solucionar el daño que pudo haber causado.

Al conversar la situación abiertamente debemos intentar detectar cuál es la razón que hay detrás de la acción, puesto que el impulso de robar en los niños pequeños podría estar reflejando que el niño esté en ese momento enfrentando un periodo de estrés o de mucha ansiedad frente a alguna situación determinada y es importante por lo tanto acoger esa angustia e intentar enseñarles maneras más adecuadas de expresar su malestar, tensión, ansiedad, soledad, u otro tipo de emociones que incluso a ellos mismos les cuesta definir.

Puede ser interesante en estos casos realizar con nuestros niños técnicas de relajación y respiración tales como mindfulness y yoga infantil para potenciar su autocontrol cuando se enfrenten a situaciones de estrés y ansiedad, creando además un espacio familiar diferente donde se sienta acogido de forma especial.

Cuando el valor del “robo” es significativo y la conducta persiste en el tiempo es necesaria la intervención de un psicólogo infantil para poder abordar con mayor profundidad las razones por las cuales esta conducta se mantiene y poder intervenir directamente sobre todo en el desarrollo de nuevas formas de comunicación positiva, potenciando la expresión y el aprendizaje constructivo de su tensión interna. A través de ello podemos promover el reconocimiento del problema y la necesidad de ayuda para solucionarlo, trabajando en la mejora de sus habilidades sociales y de qué manera podemos enriquecer las relaciones que establece con sus pares.

Dependiendo de los casos, estas técnicas pueden acompañarse también con terapia cognitiva-conductual para reforzar la confianza en si mismo y en su capacidad de control en diferentes situaciones de estrés, potenciando una mejor expresión de emociones positivas y negativas.

Problemas de escritura

Problemas de escritura

La escritura es uno de los medios que tenemos las personas para comunicarnos, la aprendemos en el colegio cuando somos niños y nos acompaña durante toda nuestra vida.

Pero, ¿qué ocurre cuando hay un problema de aprendizaje de la escritura?

Podríamos resumir las dificultades de escritura en tres grupos:

  • Dificultades o errores ortográficos: son errores de la escritura que afectan a la palabra.
  • Dificultades o errores gráficos: son errores que afectan al trazado y/o a la grafía de las letras.
  • Dificultades o errores en la composición: son errores que provocan que el niño no pueda expresar por escrito y de forma adecuada un pensamiento, sentimiento o idea.

En las dificultades o errores ortográficos, también denominado Disortografía, el sujeto muestra dificultad para relacionar correctamente los fonemas con sus grafemas, para atender a las peculiaridades ortográficas de las palabras (“b” o “v”, “h” o no…) y para integrar las reglas de ortografía (“m” antes de “p” y “b”). Se caracterizan por substituciones de fonemas, adiciones, omisiones e inversiones, entre otras.

Las dificultades o errores gráficos, también denominado Disgrafía, es la dificultad de la escritura que afecta a la grafía. Estas dificultades en la escritura se observan como errores de proporción (letras muy grandes, muy pequeñas o mixtas), trazos de mala calidad, muchas irregularidades en la formación de las letras o dificultades de espaciado que provocan que unas palabras se amontonen y otras se separen en exceso. El agarre del lápiz, la lateralidad y la coordinación viso-motora también pueden dificultar que el niño aprenda correctamente la escritura.

No debemos de olvidarnos de la postura, posición del codo y del antebrazo y la flexo-extensión de la mano que tiene el niño cuando escribe, ya que, aunque a primera vista no lo parezca, son muy importantes a la hora de escribir.

No tener adquirida correctamente la escritura puede tener graves repercusiones en el rendimiento académico del niño. Por todo ello, la reeducación de las dificultades de escritura se debe llevar a cabo conjuntamente entre el terapeuta ocupacional y el logopeda.

¿Qué es la dislexia?

¿Qué es la dislexia?

Para leer necesitamos transformar las letras en sonidos y así crear una palabra.

Esta palabra tiene que activar un significado para que entendamos lo que hemos leído. Además, cuando leemos en voz alta, tenemos que activar la zona de coordinación de los músculos del habla. Después de mucha práctica con la lectura, los niños no leen cada letra de la palabra sino que reconocen la palabra entera, como reconocemos imágenes. En adultos este proceso se da más frecuentemente.

Hay diferentes áreas cerebrales implicadas en la lectura que se van desarrollando, ya que leer no es una destreza innata. Es por esto que no hay una zona especial en el cerebro diseñada para la lectura sino que utiliza áreas destinadas a realizar otras tareas. Algunas de estas áreas son el procesamiento visual (cuando vemos las palabras) y el auditivo (cuando las transformamos en sonidos). Este proceso se debe realizar de forma muy coordinada y planificada.

Que sucede en el cerebro cuando leemos?

Cuando leemos, un área cerebral procesa una información en concreto y la deriva a otra parte del cerebro para que allí se agregue más información.

De esta forma se crea un sistema cerrado que se activa cada vez que leemos.

Hay tres sistemas involucrados en la lectura:

  • Un sistema integra la información visual (las letras) con el sonido correspondiente y su significado. Este sistema es importante cuando aprendemos palabras nuevas.
  • Otro sistema reconoce la estructura de las palabras. Este sistema se activa cuando identificamos las palabras de forma global. Cuanto más hemos visto una palabra mejor la podemos reconocer. Así podemos leer más rápido. Tras reconocer la palabra siempre se debe activar la zona de comprensión. Es aquí donde se entiende qué se ha leído.
  • Finalmente, hay un sistema que es responsable de decodificar las letras en sonidos para que podamos “escuchar”, aunque no leamos en voz alta.

En cada una de las zonas cerebrales o conexión de una área a otra o incluso entre sistemas, puede haber un problema. Depende del sistema que esté afectado, el niño puede manifestar una u otra dificultad.

Los problemas con la lectura se llaman dislexia y existen diferentes tipos. Cuando un niño presenta dificultades lectoras es importante tanto tener un diagnostico como tener además una descripción del problema porque depende de la naturaleza de la dificultad se adaptará el tratamiento para obtener mejores resultados.

Dificultades lectoras

Dificultades lectoras

 

¿A tu hijo no le gusta leer? ¿No sabes que hacer para que lea? ¿Es muy lento leyendo? ¿No recuerda lo que lee? ¿No entiende lo que lee? ¿Omite las letras? ¿Las gira constantemente? ¿Se frustra con frecuencia?

Los problemas de lectura son una de las causas principales de fracaso escolar. Entre un 20% y un 30% de los niños en Cataluña tienen dificultades en este ámbito.

Los niños se introducen en el mundo de la lectura desde bien pequeños. En función del colegio y del ritmo del niño el proceso lector es más rápido o más lento.

Normalmente, alrededor de los cuatro años de edad, los niños empiezan a conocer las letras del abecedario y su sonido correspondiente y sobre los cinco años acaban de conocer todas las letras y las consolidan mediante una lectura de palabras letra por letra.

De esta manera, a través de mucha práctica, los niños durante el ciclo inicial consiguen una lectura global de las palabras, permitiendo una lectura más rápida y por lo tanto, una mejor comprensión lectora.

Sin embargo, cada niño tiene un ritmo lector diferente. Tanto los padres como los maestros deben respetar los límites del niño y no forzar el aprendizaje cuando aún no está preparado. Es muy importante no presionarlos, el único resultado que obtendrán será una frustración constante por parte del niño, una negación hacia la lectura y rabietas y llantos frecuentes cada vez que se les presenta un libro.

Antes de presionarlo y/o castigarlo, no dude en consultar a un logopeda y solicitar un diagnóstico exhaustivo de la lectura de su hijo. Es posible que presente dificultades lectoras y necesite intervención logopédica.

Aún así, para una buena reeducación de los problemas lectores, no es suficiente con intervención logopédica si no que se debe tratar también desde el entorno familiar y el entorno escolar.

Es importante, entre todos, motivar al niño para que despierte curiosidad e interés para leer, siendo él el que nos pregunte por las letras y tenga ganas de conocerlas.

Se debe introducir a los niños a la lectura de una manera lúdica y natural, a través de objetos que le interesen o le llamen la atención. No siempre es necesario leer con un libro delante. Por ejemplo, si a un niño le gustan mucho los perros, empezaremos enseñándole las letras que componen su nombre y seguidamente, él mismo nos reclamará buscar información sobre los perros (donde viven, que comen, que les gusta…).

Es importante dedicar cada día un espacio a la lectura. Es muy recomendable que los padres lean con los niños y hagan actividades previas, durante y posteriores a la lectura.

Se tiene que incluir la lectura en la vida cotidiana de los niños sin que esta sea una obligación para ellos.

La sobreprotección

La sobreprotección

 

La combinación entre querer ser el mejor padre o madre, junto con la necesidad de tener el mejor hijo u hija y querer evitar que los niños o adolescentes sufran por situaciones del entorno genera, en muchas ocasiones, relaciones disfuncionales e insanas.

La sobreprotección es una arma de doble filo. Creer que es posible controlar todo aquello cuanto ocurra alrededor de los hijos y además, pretender que eso, como padres o cuidadores, no nos afecte, es creer que el día es posible sin la noche.

Los niños sobreprotegidos suelen mostrar más dificultades emocionales, presentan más carencias afectivas y mucha ansiedad, pues su identidad ha sido formada por la opinión que los padres tienen de ellos y ésta, muchas veces, sólo nace del resultado final entre logros o fracasos que el niño ha experimentado. Se suele pensar que cuanto más estén en casa, más aprenderán y menos sufrirán… y justamente, acaba siendo todo lo contrario.

Tratar de evitar que las “cosas malas” les ocurran a ellos, así como obligarles a sentirse siempre bien y hacerlo todo bien, sólo hará que entiendan que no hay espacio para las dificultades, sabiendo que si no las superan rápidamente, se les juzgará por no haberlo afrontado como se esperaba. Comentarios como los “te avisé”, “te lo dije”, “tendrías que haberme hecho caso”, “te das cuenta que no haces las cosas bien”, “tienes que hacerlo como yo te digo”, “ tienes…tienes…tienes…” En lugar de “deberías”, que siempre sugiere más que obliga… Todo esto, va a generar una falta de autoestima y seguridad en si mismos.

Es bueno potenciar su autonomía, enseñarles el camino a seguir, pero no trazarles un recorrido poco flexible y en el que se anticipan muchos miedos y dificultades.

Infundir esperanza y decisión es importante. Que aprendan a caminar, sintiéndose con libertad para experimentar y descubrir. Si se caen, enseñarles a como cuidar de sus heridas y cómo reponerlas, dándoles estrategias para afrontar las dificultades que van encontrando no sólo a nivel escolar, sino también social y emocional, aprendiendo a gestionar sus emociones y no a taparlas. Si un amigo les ha herido emocionalmente y potenciamos el aislamiento social, no le ayudaremos a trabajar ese duelo.

Siempre va a ser más flexible y funcional el “cómo crees que debería ser o hacerse esto”,  “explícame por qué has hecho esto así, que te enseña”, “de que forma podrías hacer esto la próxima vez”, “entiendo como te sientes…”, “si puedo ayudarte en algo”, entre otros… Van a crear una mayor comunicación y una mejor vinculación entre padres e hijos. Se sentirán más seguros, protegidos y acompañados, pero no atados por pensamientos invalidantes.

Disfonías infantiles. ¿Qué podemos hacer los padres?

Disfonías infantiles. ¿Qué podemos hacer los padres? 

 

Tu hijo se queda sin voz normalmente? Tiene tendencia a carraspear? Bebe poca agua? Grita con frecuencia? Tiene una voz grave y ronca? Tiene dolor al hablar? Tiene fatiga vocal?

Para los niños, la voz es una forma de expresión comunicativa y emocional y a menudo hacen un uso incorrecto. Los niños chillan y hablan en exceso, tanto en el ámbito escolar como familiar.

Aparte del abuso vocal que hacen la mayoría de los niños, existen otros factores que favorecen la aparición de un problema en la voz como son las afecciones respiratorias, los antecedentes familiares, el estado emocional y el perfil psicológico del niño.

Las afonías y disfonías infantiles, aparecen como consecuencia de un sobreesfuerzo vocal. La afonía infantil la definimos como la pérdida total de la voz, en cambio, la disfonía infantil es la pérdida parcial de la voz, la alteración de alguno de los parámetros acústicos (tono, timbre o intensidad). Es muy frecuente en niños de entre 4 y 12 años y afecta aproximadamente a un 50% de la población escolar.

Ambas limitan la comunicación y la calidad de vida relacionada con la voz, impidiendo a los niños una buena relación con las personas de su alrededor.

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¿Qué podemos hacer los padres para prevenir las disfonías infantiles?

La disfonía infantil es el resultado de la relación comunicativa que tiene el niño con su entorno. El tipo de voz que el niño vea que es eficaz y útil, será el que fijará como comportamiento vocal habitual.

Por este motivo, es necesario modificar el ritmo de vida del niño y procurar horarios de descanso para toda la familia.

Es importante:

  1. Mantener una buena hidratación. Se recomienda beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día.
  2. NO gritar. No gritar en actividades deportivas.
  3. NO susurrar.
  4. Evitar hablar en lugares muy ruidosos siempre que sea posible.
  5. Evitar imitar personajes.
  6. No hablar mientras se hace fuerza.
  7. NO abusar de los caramelos.
  8. Hacer reposo vocal. Buscar espacios de silencio durante el día. Nuestras cuerdas vocales necesitan descansar.
  9. NO carraspear. Debemos evitar fregarnos la garganta continuamente.
  10. Dormir y descansar bien. Se recomienda dormir al menos 8 horas.
  11. No tomar bebidas excesivamente frías ni calientes.
  12. Tener una alimentación equilibrada. Comer muchas frutas y verduras.
  13. Evitar cambios de temperatura significativos.

 

Es de gran importancia aprender a comunicarse bien, en un ambiente agradable, amable y respetuoso, donde cada uno tenga un papel natural.

Neurofeedback

¿Qué es el Neurofeedback?

El Neurofeedback es una herramienta poderosa para ayudar a los individuos a autoregular su cerebro. A groso modo funciona así; se aplican electrodos al cuero cabelludo para “escuchar” la actividad de las ondas cerebrales. La señal es procesada por el ordenador y la persona puede observarla a través de una pantalla de televisión como si se tratase de un videojuego del que no disponemos de mandos, todo es controlado a través del cerebro.

La persona  que ve el videojuego trata inconscientemente de recibir recompensas cambiando y adaptando sus ondas cerebrales a las que el ordenador le sugiere, a la vez que va avanzando en su juego. La recompensa se elige antes de comenzar, dependiendo de los gustos de cada uno y puede ser desde que el nave espacial vuele más rápido o que la pantalla se convierta más brillante y te permita seguir viendo una película. También existen otras recompensas no visuales para bebés y personas con discapacidad.

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Como sucede en cualquier entreno la persona mejora con la práctica repetitiva, también sucede cuando tratamos de cambiar las ondas cerebrales de manera inconsciente, haciendo al Neurofeedback un proceso de aprendizaje.

Este aprendizaje conlleva que el cerebro se  auto-regule mejor y permita que el sistema nervioso central funcione de una forma más optima.

Durante el entrenamiento del Neurofeedback la pantalla sirve como un espejo para el cerebro. Igual como un espejo sirve para una bailarina (que utiliza el espejo para ver si su movimiento es el correcto), la pantalla sirve para que el cerebro se reconozca en la pantalla y se trate de auto-corregir. Al tratarse de una autocorrección dentro de un proceso de aprendizaje del propio sujeto, el cerebro no lo olvida esta “lección”. Existen varias investigaciones que confirman que el efecto de Neurofeedback perdura en el tiempo.

Las ondas cerebrales de las que hemos hablado anteriormente se “escuchan” en áreas específicas del cerebro, determinando su frecuencia, y se modifican específicamente para cada individuo centrándonos los objetivos que estamos intentando alcanzar.

El Neurofeedback puede beneficiar a un amplio rango de dificultades como, bebes con problemas con dormir o irritabilidad, niños con diferentes trastornos como dislexia, TDAH, TEL, Disfemia, fobias y miedos. En adultos se puede utilizar tras un Ictus, problemas emocionales y ansiedades, epilepsia y Parkinson. Se ha demostrado que personas que inician los primeros síntomas de demencias se mantienen por mucho más tiempo en este estado inicial. Aunque no podamos hablar de cura, ya que hay enfermedades que no se curan, pero aún así dentro de las condiciones propias de cada personas, y así logren funcionar mejor.

La mayor parte de la invesigación con Neurofeedback se ha centrado en niños con TDAH y se ha comprobado que tras un periodo de entrenamiento cerebral causa el mismo efecto que la meditación en niños con TDAH, concluyendo que cuando el autocontrol mejora, mejora también el comportamiento.

Con un entrenamiento exitoso con Neurofeedback, es posible que no sena necesarios los medicamentos destinados a la función del cerebro (como el metilfenidato), o que se puedan reducir las dosis, asumiendo el cerebro más la función de auto-regulación. Esta disminución de los medicamentos es especialmente llamativa cuando los medicamentos juegan un papel de apoyo, como suele ser el caso en los trastornos más graves.

Los amigos imaginarios de nuestros hijos

Los amigos imaginarios de nuestros hijos

 

Puede ocurrir durante la primera infancia que nuestros hijos compartan sus juegos y conversaciones diarias con personajes que salen directamente de su imaginación. Pueden ser amigos, mascotas e incluso superhéroes imaginarios con los que muchos niños juegan y conversan durante el día. Muchas veces a los adultos esto nos toma desprevenidos pues aparecen casi imperceptiblemente y no sabemos muy bien cómo reaccionar frente a ello.

 

¿Qué podemos hacer los padres frente a esto? Lo primero es no alarmarse, pues es perfectamente normal que esto ocurra sobre todo durante los 2 a 3 años de edad y en los primeros años de escuela incluso hasta los 6 a 7 años. Tener un amigo imaginario en la mayoría de los casos lo que permite es que desarrollen más libremente su creatividad -sobre todo si el niño es más bien tímido- y expresen abiertamente miedos, temores, inquietudes, ideas y pensamientos personales. Les da un espacio para que puedan expresarlos e incluso resolverlos en un lugar imaginado donde todo está permitido.

Darles a los niños ese espacio de fantasía promueve en diversos niveles la oportunidad de que aprendan a regular sanamente sus emociones, tanto las de frustración y ansiedad como las de alegría y triunfo, permitiendo que su autoimagen y autoestima positiva se fortalezcan pues comienzan a creer más en sí mismos cuando tienen este “amigo” que les da confianza de forma constante.

Es importante como padres estar presentes en este proceso, pero adoptando un rol más bien de personaje secundario, observarlos sin alentar ni restringir, permitiendo que sea el niño el que marque el ritmo; sin interferir demasiado en su juego y esperar activamente a que vuestro hijo les hable espontáneamente de su “nuevo amigo”. Esto les permite a los niños practicar sus estrategias sociales, potenciando su empatía y confiando en sus propias percepciones y capacidades. Y a su vez, les permite a los padres observar de cerca a sus hijos pudiendo detectar si existen temores o necesidades importantes que están surgiendo, si se retrae o aísla más que antes por ejemplo, y valorar posteriormente si es necesario acudir a un especialista.

Los amigos imaginarios suelen ir desapareciendo con el tiempo, tan sutilmente como llegaron. Suele coincidir con el surgimiento de nuevas amistades en el colegio, donde ya en un espacio real pueden desplegar todas estas habilidades sociales y adaptativas que han ido desarrollando y practicando previamente con su amigo mágico.