¿Qué es la dislexia?

¿Qué es la dislexia?

Para leer necesitamos transformar las letras en sonidos y así crear una palabra.

Esta palabra tiene que activar un significado para que entendamos lo que hemos leído. Además, cuando leemos en voz alta, tenemos que activar la zona de coordinación de los músculos del habla. Después de mucha práctica con la lectura, los niños no leen cada letra de la palabra sino que reconocen la palabra entera, como reconocemos imágenes. En adultos este proceso se da más frecuentemente.

Hay diferentes áreas cerebrales implicadas en la lectura que se van desarrollando, ya que leer no es una destreza innata. Es por esto que no hay una zona especial en el cerebro diseñada para la lectura sino que utiliza áreas destinadas a realizar otras tareas. Algunas de estas áreas son el procesamiento visual (cuando vemos las palabras) y el auditivo (cuando las transformamos en sonidos). Este proceso se debe realizar de forma muy coordinada y planificada.

Que sucede en el cerebro cuando leemos?

Cuando leemos, un área cerebral procesa una información en concreto y la deriva a otra parte del cerebro para que allí se agregue más información.

De esta forma se crea un sistema cerrado que se activa cada vez que leemos.

Hay tres sistemas involucrados en la lectura:

  • Un sistema integra la información visual (las letras) con el sonido correspondiente y su significado. Este sistema es importante cuando aprendemos palabras nuevas.
  • Otro sistema reconoce la estructura de las palabras. Este sistema se activa cuando identificamos las palabras de forma global. Cuanto más hemos visto una palabra mejor la podemos reconocer. Así podemos leer más rápido. Tras reconocer la palabra siempre se debe activar la zona de comprensión. Es aquí donde se entiende qué se ha leído.
  • Finalmente, hay un sistema que es responsable de decodificar las letras en sonidos para que podamos “escuchar”, aunque no leamos en voz alta.

En cada una de las zonas cerebrales o conexión de una área a otra o incluso entre sistemas, puede haber un problema. Depende del sistema que esté afectado, el niño puede manifestar una u otra dificultad.

Los problemas con la lectura se llaman dislexia y existen diferentes tipos. Cuando un niño presenta dificultades lectoras es importante tanto tener un diagnostico como tener además una descripción del problema porque depende de la naturaleza de la dificultad se adaptará el tratamiento para obtener mejores resultados.

Dificultades lectoras

Dificultades lectoras

 

¿A tu hijo no le gusta leer? ¿No sabes que hacer para que lea? ¿Es muy lento leyendo? ¿No recuerda lo que lee? ¿No entiende lo que lee? ¿Omite las letras? ¿Las gira constantemente? ¿Se frustra con frecuencia?

Los problemas de lectura son una de las causas principales de fracaso escolar. Entre un 20% y un 30% de los niños en Cataluña tienen dificultades en este ámbito.

Los niños se introducen en el mundo de la lectura desde bien pequeños. En función del colegio y del ritmo del niño el proceso lector es más rápido o más lento.

Normalmente, alrededor de los cuatro años de edad, los niños empiezan a conocer las letras del abecedario y su sonido correspondiente y sobre los cinco años acaban de conocer todas las letras y las consolidan mediante una lectura de palabras letra por letra.

De esta manera, a través de mucha práctica, los niños durante el ciclo inicial consiguen una lectura global de las palabras, permitiendo una lectura más rápida y por lo tanto, una mejor comprensión lectora.

Sin embargo, cada niño tiene un ritmo lector diferente. Tanto los padres como los maestros deben respetar los límites del niño y no forzar el aprendizaje cuando aún no está preparado. Es muy importante no presionarlos, el único resultado que obtendrán será una frustración constante por parte del niño, una negación hacia la lectura y rabietas y llantos frecuentes cada vez que se les presenta un libro.

Antes de presionarlo y/o castigarlo, no dude en consultar a un logopeda y solicitar un diagnóstico exhaustivo de la lectura de su hijo. Es posible que presente dificultades lectoras y necesite intervención logopédica.

Aún así, para una buena reeducación de los problemas lectores, no es suficiente con intervención logopédica si no que se debe tratar también desde el entorno familiar y el entorno escolar.

Es importante, entre todos, motivar al niño para que despierte curiosidad e interés para leer, siendo él el que nos pregunte por las letras y tenga ganas de conocerlas.

Se debe introducir a los niños a la lectura de una manera lúdica y natural, a través de objetos que le interesen o le llamen la atención. No siempre es necesario leer con un libro delante. Por ejemplo, si a un niño le gustan mucho los perros, empezaremos enseñándole las letras que componen su nombre y seguidamente, él mismo nos reclamará buscar información sobre los perros (donde viven, que comen, que les gusta…).

Es importante dedicar cada día un espacio a la lectura. Es muy recomendable que los padres lean con los niños y hagan actividades previas, durante y posteriores a la lectura.

Se tiene que incluir la lectura en la vida cotidiana de los niños sin que esta sea una obligación para ellos.

La sobreprotección

La sobreprotección

 

La combinación entre querer ser el mejor padre o madre, junto con la necesidad de tener el mejor hijo u hija y querer evitar que los niños o adolescentes sufran por situaciones del entorno genera, en muchas ocasiones, relaciones disfuncionales e insanas.

La sobreprotección es una arma de doble filo. Creer que es posible controlar todo aquello cuanto ocurra alrededor de los hijos y además, pretender que eso, como padres o cuidadores, no nos afecte, es creer que el día es posible sin la noche.

Los niños sobreprotegidos suelen mostrar más dificultades emocionales, presentan más carencias afectivas y mucha ansiedad, pues su identidad ha sido formada por la opinión que los padres tienen de ellos y ésta, muchas veces, sólo nace del resultado final entre logros o fracasos que el niño ha experimentado. Se suele pensar que cuanto más estén en casa, más aprenderán y menos sufrirán… y justamente, acaba siendo todo lo contrario.

Tratar de evitar que las “cosas malas” les ocurran a ellos, así como obligarles a sentirse siempre bien y hacerlo todo bien, sólo hará que entiendan que no hay espacio para las dificultades, sabiendo que si no las superan rápidamente, se les juzgará por no haberlo afrontado como se esperaba. Comentarios como los “te avisé”, “te lo dije”, “tendrías que haberme hecho caso”, “te das cuenta que no haces las cosas bien”, “tienes que hacerlo como yo te digo”, “ tienes…tienes…tienes…” En lugar de “deberías”, que siempre sugiere más que obliga… Todo esto, va a generar una falta de autoestima y seguridad en si mismos.

Es bueno potenciar su autonomía, enseñarles el camino a seguir, pero no trazarles un recorrido poco flexible y en el que se anticipan muchos miedos y dificultades.

Infundir esperanza y decisión es importante. Que aprendan a caminar, sintiéndose con libertad para experimentar y descubrir. Si se caen, enseñarles a como cuidar de sus heridas y cómo reponerlas, dándoles estrategias para afrontar las dificultades que van encontrando no sólo a nivel escolar, sino también social y emocional, aprendiendo a gestionar sus emociones y no a taparlas. Si un amigo les ha herido emocionalmente y potenciamos el aislamiento social, no le ayudaremos a trabajar ese duelo.

Siempre va a ser más flexible y funcional el “cómo crees que debería ser o hacerse esto”,  “explícame por qué has hecho esto así, que te enseña”, “de que forma podrías hacer esto la próxima vez”, “entiendo como te sientes…”, “si puedo ayudarte en algo”, entre otros… Van a crear una mayor comunicación y una mejor vinculación entre padres e hijos. Se sentirán más seguros, protegidos y acompañados, pero no atados por pensamientos invalidantes.

Disfonías infantiles. ¿Qué podemos hacer los padres?

Disfonías infantiles. ¿Qué podemos hacer los padres? 

 

Tu hijo se queda sin voz normalmente? Tiene tendencia a carraspear? Bebe poca agua? Grita con frecuencia? Tiene una voz grave y ronca? Tiene dolor al hablar? Tiene fatiga vocal?

Para los niños, la voz es una forma de expresión comunicativa y emocional y a menudo hacen un uso incorrecto. Los niños chillan y hablan en exceso, tanto en el ámbito escolar como familiar.

Aparte del abuso vocal que hacen la mayoría de los niños, existen otros factores que favorecen la aparición de un problema en la voz como son las afecciones respiratorias, los antecedentes familiares, el estado emocional y el perfil psicológico del niño.

Las afonías y disfonías infantiles, aparecen como consecuencia de un sobreesfuerzo vocal. La afonía infantil la definimos como la pérdida total de la voz, en cambio, la disfonía infantil es la pérdida parcial de la voz, la alteración de alguno de los parámetros acústicos (tono, timbre o intensidad). Es muy frecuente en niños de entre 4 y 12 años y afecta aproximadamente a un 50% de la población escolar.

Ambas limitan la comunicación y la calidad de vida relacionada con la voz, impidiendo a los niños una buena relación con las personas de su alrededor.

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¿Qué podemos hacer los padres para prevenir las disfonías infantiles?

La disfonía infantil es el resultado de la relación comunicativa que tiene el niño con su entorno. El tipo de voz que el niño vea que es eficaz y útil, será el que fijará como comportamiento vocal habitual.

Por este motivo, es necesario modificar el ritmo de vida del niño y procurar horarios de descanso para toda la familia.

Es importante:

  1. Mantener una buena hidratación. Se recomienda beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día.
  2. NO gritar. No gritar en actividades deportivas.
  3. NO susurrar.
  4. Evitar hablar en lugares muy ruidosos siempre que sea posible.
  5. Evitar imitar personajes.
  6. No hablar mientras se hace fuerza.
  7. NO abusar de los caramelos.
  8. Hacer reposo vocal. Buscar espacios de silencio durante el día. Nuestras cuerdas vocales necesitan descansar.
  9. NO carraspear. Debemos evitar fregarnos la garganta continuamente.
  10. Dormir y descansar bien. Se recomienda dormir al menos 8 horas.
  11. No tomar bebidas excesivamente frías ni calientes.
  12. Tener una alimentación equilibrada. Comer muchas frutas y verduras.
  13. Evitar cambios de temperatura significativos.

 

Es de gran importancia aprender a comunicarse bien, en un ambiente agradable, amable y respetuoso, donde cada uno tenga un papel natural.

Neurofeedback

¿Qué es el Neurofeedback?

El Neurofeedback es una herramienta poderosa para ayudar a los individuos a autoregular su cerebro. A groso modo funciona así; se aplican electrodos al cuero cabelludo para “escuchar” la actividad de las ondas cerebrales. La señal es procesada por el ordenador y la persona puede observarla a través de una pantalla de televisión como si se tratase de un videojuego del que no disponemos de mandos, todo es controlado a través del cerebro.

La persona  que ve el videojuego trata inconscientemente de recibir recompensas cambiando y adaptando sus ondas cerebrales a las que el ordenador le sugiere, a la vez que va avanzando en su juego. La recompensa se elige antes de comenzar, dependiendo de los gustos de cada uno y puede ser desde que el nave espacial vuele más rápido o que la pantalla se convierta más brillante y te permita seguir viendo una película. También existen otras recompensas no visuales para bebés y personas con discapacidad.

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Como sucede en cualquier entreno la persona mejora con la práctica repetitiva, también sucede cuando tratamos de cambiar las ondas cerebrales de manera inconsciente, haciendo al Neurofeedback un proceso de aprendizaje.

Este aprendizaje conlleva que el cerebro se  auto-regule mejor y permita que el sistema nervioso central funcione de una forma más optima.

Durante el entrenamiento del Neurofeedback la pantalla sirve como un espejo para el cerebro. Igual como un espejo sirve para una bailarina (que utiliza el espejo para ver si su movimiento es el correcto), la pantalla sirve para que el cerebro se reconozca en la pantalla y se trate de auto-corregir. Al tratarse de una autocorrección dentro de un proceso de aprendizaje del propio sujeto, el cerebro no lo olvida esta “lección”. Existen varias investigaciones que confirman que el efecto de Neurofeedback perdura en el tiempo.

Las ondas cerebrales de las que hemos hablado anteriormente se “escuchan” en áreas específicas del cerebro, determinando su frecuencia, y se modifican específicamente para cada individuo centrándonos los objetivos que estamos intentando alcanzar.

El Neurofeedback puede beneficiar a un amplio rango de dificultades como, bebes con problemas con dormir o irritabilidad, niños con diferentes trastornos como dislexia, TDAH, TEL, Disfemia, fobias y miedos. En adultos se puede utilizar tras un Ictus, problemas emocionales y ansiedades, epilepsia y Parkinson. Se ha demostrado que personas que inician los primeros síntomas de demencias se mantienen por mucho más tiempo en este estado inicial. Aunque no podamos hablar de cura, ya que hay enfermedades que no se curan, pero aún así dentro de las condiciones propias de cada personas, y así logren funcionar mejor.

La mayor parte de la invesigación con Neurofeedback se ha centrado en niños con TDAH y se ha comprobado que tras un periodo de entrenamiento cerebral causa el mismo efecto que la meditación en niños con TDAH, concluyendo que cuando el autocontrol mejora, mejora también el comportamiento.

Con un entrenamiento exitoso con Neurofeedback, es posible que no sena necesarios los medicamentos destinados a la función del cerebro (como el metilfenidato), o que se puedan reducir las dosis, asumiendo el cerebro más la función de auto-regulación. Esta disminución de los medicamentos es especialmente llamativa cuando los medicamentos juegan un papel de apoyo, como suele ser el caso en los trastornos más graves.

Los amigos imaginarios de nuestros hijos

Los amigos imaginarios de nuestros hijos

 

Puede ocurrir durante la primera infancia que nuestros hijos compartan sus juegos y conversaciones diarias con personajes que salen directamente de su imaginación. Pueden ser amigos, mascotas e incluso superhéroes imaginarios con los que muchos niños juegan y conversan durante el día. Muchas veces a los adultos esto nos toma desprevenidos pues aparecen casi imperceptiblemente y no sabemos muy bien cómo reaccionar frente a ello.

 

¿Qué podemos hacer los padres frente a esto? Lo primero es no alarmarse, pues es perfectamente normal que esto ocurra sobre todo durante los 2 a 3 años de edad y en los primeros años de escuela incluso hasta los 6 a 7 años. Tener un amigo imaginario en la mayoría de los casos lo que permite es que desarrollen más libremente su creatividad -sobre todo si el niño es más bien tímido- y expresen abiertamente miedos, temores, inquietudes, ideas y pensamientos personales. Les da un espacio para que puedan expresarlos e incluso resolverlos en un lugar imaginado donde todo está permitido.

Darles a los niños ese espacio de fantasía promueve en diversos niveles la oportunidad de que aprendan a regular sanamente sus emociones, tanto las de frustración y ansiedad como las de alegría y triunfo, permitiendo que su autoimagen y autoestima positiva se fortalezcan pues comienzan a creer más en sí mismos cuando tienen este “amigo” que les da confianza de forma constante.

Es importante como padres estar presentes en este proceso, pero adoptando un rol más bien de personaje secundario, observarlos sin alentar ni restringir, permitiendo que sea el niño el que marque el ritmo; sin interferir demasiado en su juego y esperar activamente a que vuestro hijo les hable espontáneamente de su “nuevo amigo”. Esto les permite a los niños practicar sus estrategias sociales, potenciando su empatía y confiando en sus propias percepciones y capacidades. Y a su vez, les permite a los padres observar de cerca a sus hijos pudiendo detectar si existen temores o necesidades importantes que están surgiendo, si se retrae o aísla más que antes por ejemplo, y valorar posteriormente si es necesario acudir a un especialista.

Los amigos imaginarios suelen ir desapareciendo con el tiempo, tan sutilmente como llegaron. Suele coincidir con el surgimiento de nuevas amistades en el colegio, donde ya en un espacio real pueden desplegar todas estas habilidades sociales y adaptativas que han ido desarrollando y practicando previamente con su amigo mágico.

¿Necesita mi hijo Terapia Ocupacional?

 

La terapia ocupacional es una profesión que ayuda a las personas a alcanzar independencia en las actividades que realiza en su vida diaria o “ocupaciones”. En el ambito pediatrico, ayudan a los niños a prepararse para el aprendizaje y para los desafios que se le presenten durante su desarrollo. Esto normalmente incluye el fortalecimiento muscular,  la amplitud de movimientos del cuerpo y las manos, el trabajo de coordinación bilateral (que implica usar las dos manos juntas), la planificación motora del cuerpo, las habilidades de percepción visual y las habilidades viso-motoras, destreza motora fina, entre otras.

 

El tratamiento se realiza con la practica directa de la habilidad a trabajar y a menudo también es necesario realizar modificaciones o adaptaciones de las tareas para que sea completada de una manera más satisfactoria para el niño.

 

Toddler boy having fun with his father playing on large gymnastic ball

¿Qué es un terapeuta ocupacional?

 

Un terapeuta ocupacional es un profesional que se especializa en el trabajo con las personas que tienen alguna dificultad para completar  de manera independiente las sus tareas diarias. En pediatría, los terapeutas ocupacionales intervienen en ayudar a los niños a adquirir las habilidades necesarias para la independencia en el juego, el aprendizaje, el desarrollo de habilidades motoras, el cuidado personal y la socialización en sus contextos de desarrollo como son el hogar, la escuela y la comunidad.

¿Cómo sé si mi hijo necesita terapia ocupacional?

Su hijo podría necesitar terapia ocupacional si:

 

  • Tiene problemas con la escritura incluyendo presionar demasiado o no lo suficiente, no desarrollar y mantener un buen agarre del lápiz, y tiene dificultad en calcular el tamaño y el espaciamiento de sus letras.

 

  • Frecuentemente tiene una mala postura de al estar sentado en una silla.

 

  • Parece que tienen las manos débiles y se cansa fácilmente al hacer las tareas motoras que necesiten precisión. Tiene dificultad para manipular objetos pequeños y usar las tijeras.

 

  • Se cae con frecuencia, puede chocar contra cosas o personas.

 

  • Tiene dificultad con el aprendizaje de tareas motoras, como andar en bicicleta, correr o saltar. Con frecuencia elige el mismo juego o actividad evitando el aprendizaje de nuevas actividades.

 

  • Es demasiado sensible (o muy poco sensible) al tacto, las texturas, los sabores, el sonido y el movimiento.

 

 

  • Tiene problemas para aprender cómo vestirse, principalmente con ponerse el abrigo, ponerse y atarse los zapatos y abrocharse los botones.

 

  • En el colegio le cuesta mantener sus cuadernos organizados, mantener su escritorio y carpetas ordenadas y entregar sus tareas a tiempo.

 

  • El niño busca riesgo excesivo de manera frecuente, disminuyendo la conciencia de peligro.

 

 

Si su hijo presenta alguno de estos comportamientos es recomendable que un terapeuta ocupacional especializado realice una valoración exaustiva de su desarrollo ya que estas dificultades pueden estar interfiriendo en el rendimiento académico y en las actividades cotidianas que realiza.

¿Cómo ayudar a tu hijo a hablar y comunicarse?

¿Cómo ayudar a tu hijo a hablar y comunicarse?

Programa Hanen® para padres de niños con retraso en el lenguaje.

 

Los padres son las personas más importantes en la vida de un niño, son los primeros y principales maestros que están presentes a cada instante; es a través de ellos que los niños reciben lo que necesitan para comunicarse y conectarse con el mundo.

El Programa Hanen® surge de esta premisa y tiene como objetivo principal enseñar a padres habilidades y estrategias de comunicación que se pueden utilizar diariamente, en casi todas las interacciones que tienen con sus hijos y dentro de las actividades rutinarias que realiza la familia convirtiéndolas en oportunidades para aprender a comunicar. Genera un espacio donde aprendes a parar, a tomar tu tiempo para descubrir cómo comunica tu hijo y qué lo motiva a comunicarse.

Hanen-Program-logo

Durante 11 reuniones (3 de ellas en casa) nos va enseñando el poder del juego, promoviendo la interacción desde el niño, dejando que él lidere en un inicio y ayudando a crear oportunidades para que sea él quien tome la iniciativa en un juego y sean los padres quienes sigan el ejemplo del niño, dejando que la interacción vaya creciendo. Nos ayuda a observar, esperar y escuchar lo que nuestros hijos intentan comunicar de diversas maneras, algunas muy claras y otras muy sutiles; quitándonos el miedo a jugar cara a cara, a inventarnos nuevos juegos y mantener la diversión en cada experiencia de comunicación que realicemos.

El  Programa Hanen® te da el tiempo necesario para practicar y asimilar cada nuevo aprendizaje tal y como los niños lo hacen, a través del desarrollo de prácticas apropiadas, respetando siempre la necesidad de los padres de ser simplemente padres y de los niños a ser niños.

Cómo ser la mejor versión de uno mismo

Cómo ser la mejor versión de uno mismo

 

Cada vez más son las consultas de padres, preocupados por sus hijos, que acuden a un especialista intentando hallar el motivo por el cual su hijo muestra algunas dificultades, no sólo a nivel escolar, sinó también a nivel conductual.

 

Algunas de éstas preocupaciones tienden a confundirse con problemas específicos del aprendizaje o del neurodesarrollo del niño, pero a menudo y con una tendencia al alza, encontramos niños que sufren de ansiedad (siendo muy pequeños) y con una baja autoestima y confianza en sí mismos.

Solemos atender niños con preocupaciones que son significativas en su malestar general y que por lo tanto, están bloqueando otras áreas importantes en su desarrollo general no sólo escolar, sinó emocional y social.

Por ello, es muy importante hacer un buen diagnóstico de su situación y estado general, prevaliendo toda aquella sintomatología de raíz, que es la que puede estar generando falta de atención o motivación, así como problemas en la relación con sus iguales. Debemos ayudarles a sentirse bien consigo mismos y recordarles que pueden ser la mejor versión de cada uno de ellos.

Es bien conocida la creencia de que todos los seres humanos somos duales y como tal, podemos mostrar lo mejor de nosotros mismos, o de lo contrario, lo peor. Pero, ¿como ayudamos a los más pequeños a desarrollar esa capacidad de autoconocimiento y autocontrol?

Lo mejor de nosotros mismos es todo aquello que nosotros pensamos que podemos llegar a ser, creer o hacer y para ello, es necesario pensar en positivo y favorecer que ello ocurra. En cambio, si nuestro entorno es inseguro, tenso, hostil, ansioso y nos rodeamos de personas que no creen en nosotros, favoreceremos el no avanzar y el sentirnos que todo nos sale mal.

 

Por este motivo y ante cualquier prioridad escolar, deberíamos otorgarles seguridad en ellos mismos, darles autonomia, capacidad de decisión, enfundar esperanza hacia el futuro y las cosas que les ocurren, así como mostrarnos optimistas y motivados ante la vida. La forma en que se comportan, muchas veces, es el reflejo de como los mayores viven y ven la vida.

 

Por todo esto, sería bueno:

  1. Hablar de lo emocional, más allá de sus rutinas diarias (cómo se sienten, que necesitan, que valores tienen, cómo son sus amigos…).
  2. Favorecer una comunicación esperanzadora y reflexiva en el entorno familar. Dar tiempo en calidad, no tanto en cantidad.
  3. Creer en ellos y en sus potencialidades. De ahí van a crear su autoimagen y autoconcepto. Evitaremos las etiquetas negativas.
  4. Apreciar más que despreciar. Poner nuestra atención en aquello que hacen bien y no en aquello que hacen mal.
  5. Estimular el refuerzo positivo, para seguir generando más conductas positivas.
sentido del tacto

¿Qué es la defensividad táctil?

¿Qué es la defensividad táctil?

El sentido del tacto es uno de los sentidos más importantes, comienza a desarrollarse durante el embarazo y se activa antes que el bebé nace. Durante los primeros meses de vida el tacto es la primera forma de comunicación entre la madre y el niño, además de ser una forma de exploración y aprendizaje.

Otro aspecto importante de este sentido es su función protectora. Esta nos avisa si algo es caliente, frío, punzante o si puede ser un peligro para nosotros. Cuando esta función no está regulada, la persona reacciona de manera exagerada ante sensaciones cotidianas, resultando muy molestas e incluso dolorosas. Desde la teoría de la integración sensorial se denomina este concepto como Defensividad Táctil.

sentido del tacto

Woman’s hand touching wheat in field

Nuestro sentido del tacto está íntimamente ligado a nuestras emociones y por ello, una sensación de malestar frecuente percibida por el sentido del tacto, puede hacer que una persona presente fuertes reacciones emocionales. Los niños que tienen esta hipersensibilidad, a menudo son descritos como irritables, introvertidos, llorones y enfadados.

También está relacionado con procesos como la atención y la concentración escolar, resulta difícil escuchar a la profesora si el niño está pensando en cómo siente el contacto de toda la ropa con su piel.

Características de los niños con defensividad táctil:

– Evita que le toquen la cara y el cuerpo, aunque sea como una muestra de cariño o amistad (prefiere tocar a ser tocado).
– Le molesta lavarse los dientes.
– Le molesta mucho que le laven y le corten el pelo.
– Le irritan las etiquetas y algunas texturas de ropa. Siempre quiere ir vestido igual.
– No le gusta jugar con plastilina, masa o pintura de dedos.
– Le irrita que le corten las uñas.
– Evita pisar la hierba, la arena de la playa o alfombras rugosas.
– No le gustan algunos alimentos por su textura.
– Tuvo dificultad cuando era bebé en paso de alimentación líquida a solida.
– Resistencia a comer con las manos o a mancharse la piel durante la alimentación.

Si presenta dos o más características mencionadas sería recomendable realizar una exploración de como el niño está percibiendo los estímulos táctiles.

Desde la terapia de Integración Sensorial se puede reducir la defensividad táctil, normalizar la manera en que el sistema nervioso registra e interpreta la información táctil y desarrollar estrategias eficaces para entender, hacer frente y vivir con una sensibilidad más adaptada.